- A) Bradicardia progresiva con hipoxia
En el niño, la parada suele ser el final de una insuficiencia respiratoria o de un shock, y la hipoxia lleva a una bradicardia progresiva como ritmo previo a la parada. Una frecuencia inferior a 60 lpm con signos de mala perfusión pese a una oxigenación y una ventilación adecuadas exige iniciar compresiones torácicas, sin esperar a la asistolia.
- B) Taquicardia supraventricular de complejo estrecho
La TSV puede causar inestabilidad, sobre todo cuando se prolonga en lactantes, pero suele tolerarse durante horas y responde a maniobras vagales, adenosina o cardioversión. No es el marcador clásico de deterioro hacia la parada, como la bradicardia hipóxica.
- C) Taquicardia sinusal
La taquicardia sinusal es una respuesta compensadora a la fiebre, el dolor, la hipovolemia o la hipoxia inicial. Señala algo que investigar, pero mientras hay taquicardia el mecanismo compensador sigue funcionando; es la caída de la frecuencia en un paciente hipóxico lo que anuncia el colapso.
- D) Extrasístoles auriculares aisladas
Las extrasístoles auriculares aisladas son un hallazgo frecuente y en general benigno en niños, sin repercusión hemodinámica. No indican riesgo inminente de parada y, sin otros signos, no requieren tratamiento.
Resumen para recordar
En el niño, la parada cardíaca suele ser hipóxica o por shock, no arrítmica primaria. La bradicardia progresiva en un paciente hipóxico es un ritmo previo a la parada: oxigenar y ventilar primero y, si la frecuencia sigue por debajo de 60 lpm con mala perfusión pese a ello, iniciar compresiones. Después, adrenalina 0,01 mg/kg IV/IO; atropina si hay tono vagal o bloqueo.