- A) Al menos un cuarto de la profundidad del tórax
Un cuarto del diámetro anteroposterior produce compresiones superficiales, que generan un flujo coronario y cerebral insuficiente. La recomendación es comprimir al menos un tercio de ese diámetro, lo que en el niño corresponde a unos 5 cm.
- B) Cerca de un tercio de la profundidad del tórax
En el niño, las compresiones deben alcanzar al menos un tercio del diámetro anteroposterior del tórax, unos 5 cm, a 100–120/min, permitiendo la reexpansión completa del tórax entre ellas. Esta profundidad genera un flujo adecuado al corazón y al cerebro; en el adolescente se aplica el rango del adulto, de 5 a 6 cm.
- C) La mitad de la profundidad del tórax
Comprimir hasta la mitad del diámetro anteroposterior supera la profundidad recomendada y aumenta el riesgo de lesión torácica y de órganos, además de dificultar la reexpansión completa del tórax, sin beneficio demostrado en la perfusión.
- D) Exactamente 2 centímetros
Dos centímetros es demasiado superficial para cualquier franja de edad pediátrica: incluso en el lactante, el objetivo es de unos 4 cm. La guía expresa la profundidad como fracción del diámetro del tórax precisamente para adecuarla al tamaño de la víctima.
Resumen para recordar
Compresión de alta calidad en el niño: profundidad de al menos un tercio del diámetro anteroposterior del tórax (unos 4 cm en el lactante y 5 cm en el niño; en el adolescente, de 5 a 6 cm, como en el adulto), frecuencia de 100 a 120/min, reexpansión completa del tórax, mínimas interrupciones y relación 30:2 con un reanimador o 15:2 con dos.