- A) Tamaño inadecuado del tubo
Un tubo de tamaño incorrecto causa fuga de aire, resistencia o traumatismo y debe cambiarse, pero rara vez impide la intubación en sí. Con tubo con balón, la estimación del diámetro interno es la edad dividida entre 4 más 3,5, y tener preparados los tamaños inmediatamente superior e inferior evita este problema.
- B) Visualización inadecuada de las cuerdas vocales
El niño tiene una laringe más alta y anterior, una epiglotis larga y flácida, una lengua relativamente grande y un occipucio prominente que flexiona el cuello. Todo ello dificulta exponer la glotis, y sin ver las cuerdas vocales el tubo va al esófago. Un posicionamiento adecuado y un laringoscopista experimentado reducen el fracaso.
- C) Sedación excesiva
La sedación y el bloqueo neuromuscular suelen facilitar la laringoscopia al relajar la musculatura. El riesgo de la sedación excesiva es la hipotensión y la apnea antes de asegurar la vía aérea, no el fracaso técnico al pasar el tubo.
- D) Alta concentración de oxígeno
La preoxigenación con una fracción alta de oxígeno aumenta la reserva y el tiempo de apnea segura, lo que da más margen al laringoscopista. No causa fracaso; al contrario, la desaturación rápida del niño mal preoxigenado es lo que acorta los intentos.
Resumen para recordar
El fracaso de la intubación en el niño se debe principalmente a no lograr exponer la glotis: laringe alta y anterior, epiglotis larga, lengua grande y occipucio prominente. Posicionar bien, preoxigenar, preparar tubos de los tamaños inmediatamente superior e inferior (con balón: edad/4 + 3,5) y confirmar con capnografía. Una ventilación con bolsa-válvula-mascarilla bien hecha es una alternativa segura.